El abrazo republicano. Antes, un mero paso de comedia para enjuagar el usual festival de trampas y traiciones recíprocas de las internas coloradas. Hoy, una razón de Estado. Estado de desesperación.
Para empeorar las cosas, el “triunfo” de Blanca Ovelar amplifica su más peligrosa debilidad: esa carencia de poder real en la casa colorada, donde sigue siendo tratada como una intrusa. Son sus cohabitantes los que entre dientes maldicen su nombre mientras siguen condenados a esperar parados en la delgada cornisa de la indefinición, convencidos de que con un mejor candidato, al menos con uno genuinamente colorado, esta pesadilla jamás habría ocurrido.
Incapaz de hallar otras formas de persuasión que no incluyan la consabida receta de dinero y/o cargos, el oficialismo distrae su inocultable ansiedad con puestas en escena en las que declama acerca de la unidad del partido, en tanto aburre a
Aunque ya estemos en pleno carnaval, a Mburuvicha Róga seguirá sin llegar
Mientras tanto, la brutal labor de zapa que ejecuta el Tendotá a costillas del erario público, paga excesivos dividendos por adhesiones que sólo suman desencanto. Un botón de muestra: Antonio Achar habría experimentado la duplicación automática de su zoquete hidroeléctrico con sólo visitarlo en Palacio. Antonio quién? Esa ficha no sirve para iluminar la marquesina de 25 de Mayo y Tacuary, donde el sainete "Unidad Colorada y Abrazo Republicano" clama por un mejor reparto.
Que ironía, no? Vaya si la repesca de efímeros opositores devenidos en oficialistas recauchutados no lo convierte a Nicanor en el Principal Actor de Reparto… de recursos estatales. Hasta podría soñar con el Oscar de Hollywood, Oscar Nicanor.
En la trinchera opuesta, tampoco Castiglioni la pasa mejor. Sabe que perdió la interna no en las urnas sino en el polvoriento territorio del folklore electoral colorado. Sabe que no hay recetas perfectas para sostener su disidencia sin estimular una rebeldía electoral capaz de empujar a su partido a la llanura. Si eso sucediera, podría no sobrevivir a tamaño malhumor colectivo.
A pesar de pertenecer a una entidad política en la que traicionar es casi tan natural como respirar, sin dudas un hecho así pondría en la testa de Castiglioni la corona del gran traidor. O en todo caso sería un baldón compartido con su ex compañero de fórmula, que hoy desespera porque los acontecimientos aún no le permiten rubricar la tesis de que el castiglionismo no existe, sin arriesgar nunca a contemplar la más obvia contracara de tal idea: lo que incuestionablemente existe es antinicanorismo en estado puro.
Al ex vicepresidente además le juega en contra la comprensible impaciencia de sus aliados, que ven peligrar sus espacios y cargos electivos si no arreglan con elegancia y provecho su integración a
El "Canciller de Hierro" Otto Von Bismarck (artífice de la unificación alemana) acuñó una frase graciosa y certera: “la gente no dormiría tranquila si supiese cómo se hacen las salchichas y las leyes”. Si de improviso la abulia de los tiros de distracción a que nos tiene acostumbrados el Partido Colorado por estos días cediese paso a la noticia más esperada, es probable que tampoco la gente pueda dormir tranquila conjeturando cómo se logró el Abrazo Republicano.
Salvo que algún Senador sincericida nos ahorre el desvelo compartiendo los detalles de la receta y el modo de cocción de este aguardado Abrazo Republicano que, por embutir ingredientes tan nocivos como incompatibles, podría caer tan indigesto como las salchichas de dudoso origen… y no pocas leyes paraguayas.
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