jueves, 15 de abril de 2004

UN ANTIDOTO PARA TU ANESTESIA

Cuándo perdiste la noción de lo que está bien y de lo que está mal?

En qué momento la sangre de la guerra en Irak y la sangre de utilería del trailer de la película empezaron a ser para vos exactamente lo mismo?

Fijos, absortos, muy abiertos, tus ojos no le dedicaron ni un guiño (sabés? a veces te imagino como a Syd Barrett, hundido en el sillón, con la mirada perdida en el destello de la tele, sin importar la imagen que se ve).

Quién te inoculó la anestesia que paraliza tu humanidad?

Qué macabra droga congeló los músculos de tu ternura, tu solidaridad, tu bronca, tus ideales?

Carajo... quién fue? Decíme que voy y lo mato.. o muero en el intento!!!

En la página 17, un padre que violó a sus hijas merece menos pena que un ladrón de vacas.

Zas. Vuelta de hoja y en la 18 una compañía de teléfonos móviles te promete la felicidad instantánea por casi nada.

La noticia rebota en la radio. Y es como si rebotara en la nada, tocando los bordes del infinito para perderse en el mas doloroso de los olvidos, que es el de la indiferencia.

Estoy hecho pelota. Te lo confieso.

Porque me quedo pensando.. ¿qué le espera a un país que no emite señales de alarma o de rechazo hacia un crimen aberrante cometido contra niñas indefensas a manos de quien debiera darles amor, educación, ejemplo, guía y contención?

No! Me rectifico.. sí hemos emitido una señal potente y vigorosa! Nuestras pupilas congeladas, nuestra sagrada prisa por llegar a ningún lugar, nuestra maldita indolencia le dijo a cientos de abusadores sexuales... sigan adelante, aún no llegamos al fondo del fondo!!

Me voy. Una pesada sensación de estar hablando solo planea sobre mi.

Quiero irme a casa. Mientras escribo "quiero irme a casa" advierto que el flash en mi cabeza no dibujó la puerta o el sofá o mi cama: quiero volver al útero, hacerme un ovillo y quedar suspendido en una nada oscura y cálida.

No ser, no saber, no entender.

Eso quiero.

Chau.

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